Hoy los taxis, mañana… |

21 julio, 2016

La tecnología tiene la obligación de ser disruptiva. No es que se plantee la posibilidad, sino que se trata de su condición básica. Eso ha generado numerosos debates en las diferentes industrias: en los primeros estados la pelea la dieron las compañías dedicadas al negocio de la fotografía, tanto las que revelaban películas (por ejemplo, Kodak) como, posteriormente, los fabricantes de cámaras. Los albúmenes fueron reemplazados por un ritmo creciente y sostenido de fotos en Facebook (o en sus antecesores comoMy Space), a la caza constante de ‘me gusta’, perfiles en Instagram y ahora, usuarios de Snapchat.

En esa misma esquina estaban firmas como Olympus, Canon, HP, Nikon y otras que vieron descender sus cifras de ventas. Algunas sobreviven enfocadas en los segmentos profesionales con una oferta de élite, otras perdieron la batalla contra la cada vez más elaborada óptica de los smartphones.

Luego, llegó el declive de la industria de impresión. El presupuesto de cartuchos, toners y máquinas se transformó en una inversión en UBS, discos externos, servidores de correos más robustos, planes premium de servicios como We Transfer para el envío de altos volúmenes de información y otros. Las empresas terminaron por transformar su negocio y enfocarse en el segmento empresarial, donde la tinta aún tiene larga vida.

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Después el turno fue para las empresas de telecomunicaciones que se vieron obligadas a cambiar un modelo cimentado en el cobro por minutos a uno que centrara su valor agregado en los planes de datos, pues Whatsapp y otras empresas ya habían conquistado a los usuarios. La tecnología también tocó el negocio de la aviación y los agentes de turismo vía la democratización del comercio electrónico, una batalla que además coincidió con la proliferación de las aerolíneas de bajo costo y su guerra de precios.

Tampoco podemos dejar por fuera al negocio de la televisión y del cine, que terminaron compitiendo con los modelos por demanda como Netflix y Apple TV, en los que el usuario no debe ajustarse a los horarios de una emisión sino que escoge cuándo y durante cuánto tiempo ver un contenido.

La disrupción llegó también al mercado financiero con el otorgamiento de créditos por redes sociales y la hoy conocida práctica del crowdfunding, además de avances más actuales como el crowdfacturing e incluso el Equity crowdfunding. Pero el listado no para ahí. Hoy, los domicilios se piden por aplicaciones, se hace mercado por internet, se paga para que una persona haga fila por uno, etc. Todo esto para decir que el capítulo de Uber y los Taxis, tan caliente por estos días, no puede estar más lejos de ser un hecho aislado en el mundo 2.0.

*Este artículo fue publicado en EL HERALDO en la siguiente URL: http://www.elheraldo.co/tecnologia/parada-tecnologica-hoy-los-taxis-manana-269870

AUTOR PQ

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Categoría : Opinión Etiquetas : Taxi, Tecnología, Transporte público, uber← Los papás millennialsColumna de pruebas: iPhone SE →

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